Halloween: del ritual celta al fenómeno global que conquistó al mundo (y a Santiago de Chile)
Del fuego de los druidas a las luces de neón: la historia (real) detrás de la noche más divertida del año
Cada 31 de octubre, el mundo entero se disfraza. Brujas, vampiros, payasos, zombies y superhéroes se mezclan en una noche donde todo está permitido: el miedo, la risa y el azúcar. Pero ¿sabías que esta fiesta con calabazas y dulces tiene más de dos mil años de historia y raíces profundamente espirituales?
Halloween no nació en un centro comercial ni en Hollywood. Su origen se remonta a rituales antiguos que celebraban el final del verano, el cambio de estación y la conexión entre vivos y muertos. Lo que comenzó como una ceremonia celta, se transformó con el tiempo en una de las festividades más populares del planeta, capaz de mover miles de millones de dólares y, sobre todo, millones de sonrisas (y sustos).
Samhain: el primer Halloween de la historia
Mucho antes de los disfraces de moda o los memes de TikTok, los pueblos celtas de Irlanda, Escocia y el norte de Francia celebraban Samhain (pronunciado “sau-in”), una fecha sagrada que marcaba el fin del verano y el comienzo del invierno.
La creencia era simple (y aterradora): esa noche, el velo entre el mundo de los vivos y el de los muertos se hacía más delgado. Los espíritus podían regresar, y no todos eran amistosos. Para protegerse, las familias encendían hogueras, dejaban comida a los difuntos y se disfrazaban con pieles de animales para confundir a los malos espíritus.
Sí, los primeros disfraces de Halloween nacieron del miedo a los fantasmas.
De fiesta pagana a celebración cristiana
Cuando el cristianismo se expandió por Europa, la Iglesia decidió “bautizar” las viejas costumbres celtas. En el siglo VIII, el Papa Gregorio III movió el Día de Todos los Santos al 1 de noviembre y declaró la víspera como All Hallows’ Eve (la “víspera de todos los santos”), que con los siglos se convirtió en “Halloween”.
Así, el ritual celta se mezcló con oraciones, procesiones y supersticiones. Un rebranding religioso que no borró las tradiciones, sino que las transformó en una mezcla fascinante entre lo espiritual, lo popular y lo festivo.
Manzanas, brujas y supersticiones: los ingredientes del Halloween medieval
Con la llegada del Imperio Romano, Halloween absorbió nuevas costumbres, como la fiesta de Pomona, diosa de las frutas. De allí nació el famoso juego de “morder la manzana flotante” (apple bobbing), que todavía se practica en algunos países.
En la Edad Media, los rituales se volvieron más místicos: se leían cáscaras de nuez, se tiraban huesos al fuego y se pedían deseos amorosos. Las brujas no eran un mito… eran las sabias del pueblo, capaces de predecir el futuro (o eso creían sus vecinos).
La leyenda de Jack y la linterna maldita
Pocas historias simbolizan Halloween como la de Jack O’Lantern, el hombre que engañó al diablo. Según la leyenda irlandesa, Jack fue condenado a vagar eternamente con un carbón del infierno dentro de un nabo tallado.
Cuando los inmigrantes irlandeses llegaron a Estados Unidos en el siglo XIX, sustituyeron el nabo por la calabaza, mucho más fácil de tallar. Así nació la icónica linterna de Halloween que hoy ilumina por igual jardines, bares y fiestas en todo el mundo.
La expansión global: de Estados Unidos al resto del planeta
Halloween cruzó el Atlántico junto con los inmigrantes irlandeses y se instaló con fuerza en Estados Unidos. En el siglo XX, se convirtió en la gran fiesta popular del otoño. Las calles se llenaron de luces naranjas, los niños adoptaron el “trick or treat” (“dulce o truco”) y los comercios descubrieron el enorme potencial comercial de esta noche.
Después de la Segunda Guerra Mundial, con la prosperidad económica, Halloween explotó: disfraces, dulces, películas de terror, fiestas temáticas… y una industria que hoy supera los 12.000 millones de dólares anuales solo en EE. UU.
Desde entonces, la celebración ha viajado por todo el planeta, adaptándose a cada cultura. En México, convive con el Día de Muertos; en Japón, es un desfile masivo de cosplay; y en Chile, se ha convertido en una de las noches más esperadas del año, especialmente en bares, pubs y locales donde el terror se mezcla con buena música y diversión.
¿Por qué seguimos celebrando Halloween?
Más allá de su origen pagano o religioso, Halloween tiene un poder universal: nos permite jugar con el miedo. Es el único día del año en que puedes ser un vampiro, un zombie o tu villano favorito… y nadie te juzga.
Detrás del maquillaje y las risas hay una idea más profunda: reírse de la muerte, mirar el miedo de frente y celebrar la vida. Es una noche de liberación colectiva donde todos —niños, jóvenes y adultos— se transforman por unas horas.
Y en un mundo lleno de rutinas, ¿quién no necesita una buena excusa para volverse loco por una noche?
Halloween en Chile: entre el miedo y la fiesta
En Santiago, la fiesta se vive con cada vez más intensidad. Las calles se llenan de disfraces, los niños recorren los barrios pidiendo dulces, y los adultos… buscan el mejor lugar para celebrar.
En los últimos años, los pubs y bares temáticos han tomado protagonismo con fiestas llenas de luces, tragos especiales, concursos y música que combina lo mejor del rock clásico, el pop de los 2000 y los hits más oscuros de la temporada.
Y entre ellos, Irish Geo Pub se ha convertido en uno de los epicentros del Halloween santiaguino, un punto de encuentro donde la tradición irlandesa (justamente donde nació Halloween) se fusiona con el espíritu festivo de la capital.
Vive la noche más escalofriante (y divertida) del año en Irish Geo Pub
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Porque si Halloween nació en Irlanda, no hay mejor lugar para celebrarlo que un auténtico Irish Geo Pub.